Se acaba el tiempo: algunas reflexiones sobre la crisis ambiental y la defensa del agua y los territorios

“¡Despertemos, despertemos humanidad, ya no hay tiempo! Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de estar sólo contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal”
Berta Cáceres
Hace alrededor de un año estábamos lamentando el desastre ecológico en el mar de Chiloé, el cual fue calificado como la peor catástrofe marina de aquella Región. De la misma forma, hace unos meses presenciábamos como un incendio de colosal proporción consumía más de medio millón de hectáreas, y de paso, dejando al descubierto la nula capacidad política del Estado para responder frente a ese tipo de situaciones. Este incendio también fue catalogado como el más grande en su género de desastres.
 
Muchas hojas en blanco podrían ser llenadas hablando acerca de cada catástrofe “natural” que azota Chile cada cierto tiempo, al igual que a otras partes del mundo; pero si nos detenemos en las conclusiones que emergen a la luz aparece, por ejemplo, que la forma de concebir la relación ser humano – medio natural con la que nos ha empujado el desarrollo del capitalismo está cada vez más cerca de dejarnos en un punto de no retorno. El concebir a la naturaleza únicamente como una fuente de extracción de materias primas ha provocado que forcemos el “límite ecológico” del planeta[1], lo cual se refleja en que la tierra esté cada vez más erosionada y seca, los ríos y mares más contaminados, las grandes ciudades están irrespirables y los alimentos son más caros[2]. Es ahí donde la frase de Berta aparece preocupantemente oportuna.
 
Para las distintas expresiones de la izquierda y los pueblos en lucha, esta crisis ecológica viene a agregar nuevas determinaciones a la forma de analizar el movimiento de la política, de las configuraciones actuales de la lucha de clases y por supuesto, de los horizontes estratégicos que encumbren. No son problemas menores, pues van desde el abstracto terreno de la epistemología en la que concebimos la relación ser humano – naturaleza, hasta algo tan práctico como pensar una forma de cubrir nuestras necesidades domésticas sin despilfarrar el agua de la forma en la que lo hacemos, bien cada vez más escaso[3], o como hacemos frente a un extractivismo en el plano discursivo como laboral, que cada vez que se instala un relave minero, una industria forestal o pesquera, o una nueva central energética, lleva a las comunidades una carta de presentación de “desarrollo y empleabilidad”, que en la realidad misma solo causa una externalización y pauperización de las condiciones laborales de muchos trabajadores/as, que va de la par a la destrucción del entorno natural. Hacernos cargo de estas preguntas debe ser un tema central de nuestra propuesta política, más aún si pretende asumir un horizonte ecosocialista, capaz de defender nuestros territorios y proyectar una vida armónica sobre estos. En otras palabras, el escenario al que nos enfrentamos hace que sea imposible hablar de ecologismo sin hablar de revolución, pues únicamente a través de la subversión radical de las estructuras políticas, sociales y productivas es que se podrá establecer una relación armoniosa entre nuestra existencia y el medio natural. Hablar de “capitalismo sostenible” es una contradicción en sí misma.
 
En este sentido, en aquel que busca propagar estas preguntas entre nuestros pueblos, y desarrollar las herramientas necesarias para responderlas, está convocado el 5to Encuentro y Marcha Plurinacional en Defensa del Agua y los Territorios, el cual se desarrollará este 22 de Abril en la ciudad de Concepción, ubicada en un territorio amenazado por el capitalismo extractivista de proyectos como Octopus; y bastante cercana a la “zona caliente” del centenario conflicto que mantiene el Estado de Chile usurpando el Wallmapu. Esta instancia pretende convocar a todas las organizaciones territoriales y socioambientales que entienden el agua como derecho indispensable para las comunidades, al igual que la necesidad de avanzar hacia la soberanía alimentaria y territorial de los pueblos, más aún en un contexto como el de América Latina, que al poseer una inmensa cantidad de bienes naturales es presa de las ambiciones de las grandes potencias[4], amparadas por los supuestos “Estados progresistas” de la región.
 
Como equipo de Revista Caminando saludamos esta instancia, pues contribuye a ir engrosando y robusteciendo las redes de organizaciones que consideran que rendirse ante los embates del capital extractivista no es una opción.
 
 
 
[1] Acercándonos a 2020 el desarrollo capitalista actual necesitaría de casi 2 planetas tierras enteros para ser “sustentable”, es decir, que el metabolismo del planeta sea capaz de generar lo que se consume. Para 2040 se estima que se necesitarían 3 planetas tierras. Ver http://www.footprintnetwork.org/our-work/ecological-footprint/#worldfootprint
[2] A nivel mundial, desde el 2000 al 2012 el precio de los alimentos se ha duplicado, y en el caso de los cereales se ha triplicado. Así lo indica la alerta de la Food and Agriculture Organization(FAO), perteneciente a la ONU. http://archivo.eluniversal.com.mx/finanzas/83858.html
[3] Hoy en día alrededor del 20% de la población carece de acceso a este elemento, y 1 de cada 3 no posee sistemas de sanitarios adecuados. Ver “Las Guerras del Agua I y II” de Elsa Bruzzone (2008)
[4] La gran cantidad de bienes naturales de este continente hacen que para EE.UU América Latina sea la región más importante del mundo, a raíz de que es la única zona bajo su dominio que puede proveer los recursos que su complejo industrial-militar necesita: Venezuela es el país con mayor cantidad de yacimientos petroleros ; también están 7 de los 10 países mineros más importantes, y como si fuera poco las enormes reservas de agua del acuífero Guaraní y los caudalosos ríos que van desde el Paraná al Amazonas y el Orinoco representan casi el 50% de las reservas mundiales, sumado a la sorprendente biodiversidad que genera. Ver Atilio Borón “América Latina en la Geopolítica del Imperialismo” (2012)