Joven Combatiente es Joven Militante

“La formación del nuevo y nueva “militante”, es un desafío no resuelto, probablemente siempre inconcluso, en un proceso social tan complejo como lo es una revolución social, al que sin duda no se puede dar respuesta, refiriéndonos simplemente a lo que hemos sido como personas, en momentos pretéritos de nuestra historia. Como integrantes de un conjunto humano maltrecho tras largos años de dominación y explotación violenta e impune, lograr un salto cualitativo en nuestra condición humana para acceder a nuevas formas de existencia social y política, no parece posible sin remecer profundamente nuestras particulares intimidades, abandonando esas pequeñas pertenencias para empezar a ser cada día, más militantes del pueblo”.
La transformación subjetiva del militante en el período de convergencia y construcción política (Claudio “Dante” Campana – Comunidades Militantes)
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A treinta y dos años del asesinato de Paulina Aguirre, y los hermanos Eduardo y Rafael Vergara Toledo, va nuestro saludo a todas y todos los jóvenes combatientes de nuestro país, de Wallmapu, de América y el mundo. A partir de este saludo, pretendemos abrir una reflexión acerca del carácter de la juventud combatiente de hoy, en un escenario donde la conflictividad social se agudiza y en el cual hay que luchar y arriesgar con altos grados de incertidumbre.
Las derrotas que sufrió el proyecto revolucionario tanto en Chile como en el mundo a finales de la década de los 80’s, han marcado profundamente nuestra historia reciente y los intentos por levantar una alternativa al capitalismo salvaje. La muerte, la tortura, el desarme, la fragmentación, la dispersión, el sectarismo, la traición, la desconfianza, la renuncia a los esfuerzos organizativos y a un proyecto emancipador, son solo algunas de las condicionantes a las que han debido enfrentarse por años las viejas y nuevas generaciones que han enarbolado las banderas de una nueva sociedad, y de seguro estas cuestiones aún calan hondo en las subjetividades, incluso de las y los más jóvenes que recién se suman a la lucha. Al respecto, queremos sostener que no parece posible hacer frente al actual escenario que enfrentamos, sin remecernos profunda y definitivamente de estos lastres, tanto en el plano individual como colectivo. Y es la juventud la que está llamada a impulsar y liderar ese proceso, pues la juventud habrá de cumplir un rol protagónico en el proceso de transformaciones revolucionarias. La juventud tiene ante sí, un desafío histórico.
Hablamos no de la juventud en general, sino de la juventud popular, de la juventud trabajadora, de las y los jóvenes mapuche que han debido madurar antes de tiempo. Y a ellos/as va nuestro mensaje: La juventud de hoy debe hacerse militante. Y no parece sencillo decir eso hoy, pues aún padecemos los efectos de la derrota, y porque no estamos al margen de la crisis política y moral de los sectores dominantes, sus partidos y sus instituciones. La negación del partido o cualquier forma organizativa que se le asemeje, es una realidad ineludible a la cual debemos hacer frente. Y debemos ser taxativos/as: las iniciativas individuales o aisladas, la acción meramente conmemorativa, por heroica que parezca, no pasa de ser una anécdota en la historia. Debemos sacudirnos de la ideología pequeño-burguesa, el hedonismo y el culto al individuo, para disponernos en un proyecto colectivo trascendente, que irrumpa y sacuda las bases de la vieja sociedad, si lo que efectivamente queremos es cambiar el actual orden de cosas. Eso fueron Paulina, Eduardo y Rafael, jóvenes militantes de una causa colectiva y trascendente, cuyas acciones se situaban en un momento histórico particular y se enmarcaban en una perspectiva estratégica, de poder popular, jóvenes militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y ante todo, jóvenes militantes del Pueblo.
Y de eso se trata, pues la militancia no puede sustentarse a base de idealismos, de sentimentalismos o de posiciones puramente intelectuales. Cuando hablamos de la militancia, no hablamos de un don. La militancia no se nos entrega del cielo ni del infierno. La militancia es ante todo, un proceso – probablemente siempre inconcluso – que va unido al proceso de transformación social, del cual las y los militantes son parte y a la vez acelerante; la militancia es una entrega permanente y no esporádica, no para algunas fechas; la militancia es organización en cada espacio vital, es educación popular a través de la cual el militante enseña y aprende; la militancia es un compromiso, un vínculo inquebrantable con la causa de los explotados y oprimidos del mundo; la militancia es una vida apegada al Pueblo, una forma de ser que se traduce en acciones concretas y que se convierte en ejemplo; la militancia es audacia y sentido de la urgencia, pero nunca aislamiento de las masas; la militancia es una lucha sin cuartel contra las estructuras dominantes, pero también una lucha consigo mismo, contra los vicios de la sociedad burguesa y patriarcal; la militancia es una respuesta orgánica para levantar el proyecto histórico de nuestra clase: el fin al yugo de la opresión y la construcción de una sociedad donde se desarrolle en plenitud la mujer y el hombre nuevo.
Esta concepción de militancia busca también combatir los vicios al interior de los grupos ya organizados. Y con ello queremos hacernos un llamado de atención a nosotros/as mismos y a nuestras organizaciones hermanas. Actualmente, la sociedad atraviesa una crisis de proporciones históricas, y de nada servirá la mezquindad, el aferrarse a las pequeñas identidades y a las propias banderas, de nada servirá la mirada auto-referente y los afanes auto-proclamativos. La unidad de las y los que luchan, la convergencia de las y los revolucionarios es hoy una tarea histórica. Las y los jóvenes combatientes, militantes, debemos encarnar aquella vocación y dar un salto adelante, debemos forjar en la calle un temple de acero para los próximos enfrentamientos, las y los jóvenes combatientes debemos prepararnos para la lucha por el poder, debemos prepararnos para vencer.

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