En la conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora A los pueblos explotados del continente y el mundo A nosotras, compañeras.

Hoy, 08 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, declarado así en el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas, conmemoramos a aquellas trabajadoras que con decisión se enfrentaron y enfrentan la lucha constante por el reconocimiento y ejercicio de sus derechos como personas, tanto en la familia, como en la comunidad y en el trabajo. Víctimas de diversas e innumerables violencias por parte del patriarcado capitalista.
Así como ayer, los motivos de lucha y resistencia de nosotras y nuestras compañeras mujeres aún están vigentes en todo el mundo: la violencia física y sexual del matrimonio; la familia y el amor heteronormado; la lucha por el reconocimiento del trabajo doméstico, de cuidado y la crianza; la explotación y dominación en el mundo de la producción y del trabajo. No reconocidas como trabajadoras cuando no somos remuneradas o disminuidas cuando recibimos menores remuneraciones por el mismo trabajo; oprimidas por nuestra posición de clase, por nuestro color de piel, por nuestra pertenencia étnica, por nuestro género o nuestras ideas; la lucha no ha cesado. Vivimos de manera cotidiana la violencia social, política, económica, alimentaria y ambiental que significa este sistema, y de manera más brutal aún, seguimos sufriendo asesinatos y agresiones sólo por nuestra condición de mujeres o disidentes sexuales, dirigentas sociales o campesinas, en absoluta impunidad y complicidad de hombres que consciente o inconscientemente hacen prevalecer su sexo por sobre nosotras, por sobre nuestros cuerpos. Es por ello que luchamos y seguiremos haciéndolo, porque las razones sobran y las voces no se agotan en el silencio impuesto. Las mujeres, hoy como ayer, seguimos incansablemente en pie de lucha con fuerza y determinación, hasta erradicar la violencia y vivir con dignidad en una sociedad libre y justa.
Por lo tanto, quienes creemos en la necesidad de un mundo más libre, equitativo y justo, debemos comprometernos con determinación en la lucha anti-patriarcal y feminista, construyendo una alternativa de liberación que no replique lógicas de dominación, abuso y explotación, que no permiten ni han permitido un desarrollo armónico de los pueblos, de nuestras comunidades u organizaciones. Así, se hace necesario el irrefutable llamado a re-educarnos, a revisar y combatir situaciones colectivas e individuales de violencia, recordando que la tarea más ardua no será en ningún caso enseñar a la mujer a no ser violada o no a andar “sola” por la calle; si no a la sociedad en su conjunto a dejar de engendrar y criar violadores, homofóbicos, xenófobos, racistas, abusivos, maltratadores y machistas, para ir construyendo desde ya la sociedad que tanto anhelamos, de mujeres, hombres, niñas y niños libres.
Por esta razón es necesario que todas y todos, lamgen y compañeras migrantes, marchemos este 8 de marzo, sumándonos al llamado al paro internacional de mujeres, luchando y organizándonos por nuestros derechos sexuales y reproductivos, por condiciones laborales dignas, por un sistema de previsión que responda a la situación de millones de mujeres, por la posibilidad cierta de vivir y luchar en espacios libres de violencia, acoso sexual y femicidios; es decir:

Por la soberanía de nuestros cuerpos y pueblos: vamos mujeres trabajadoras!
Si nuestra vida no vale, que produzcan sin nosotras.