La Iglesia: Crisis Moral y Nuevo Proyecto Social.

Cuando un hombre religioso se sumerje en la noche para rescatar -o al menos alimentar- corderos, decide viajar al continente negro (África) a sentir la tragedia humana, abandona sus lujos para dedicarse a los pobres, convirtiéndose en médico, en maestro, en titiritero, no podemos pensar en otra cosa que en la difícil misión que ha tomado, y compartir con el un profundo deseo de cambio, de encontrar justicia para los niños hambreados, sometidos y explotados, para los abusados, para los enfermos, para las madres dolientes de hijos muertos por hambre o por balas.
Y mientras tanto, de vuelta acá en el “africa india” de Chile, en las tierras de Lautaro y de Guacolda, otro religioso, estudiante de cura, rechaza el sillón y la alfombra, seguramente escuchó al dueño de fundo confesar rebencazos, confesar azotes, confesar violaciones. Seguramente también oyó el soplido de las trutruka, habrá oído a un niño – pichiche- llorar por hambre o por frío, habrá debido limpiar las heridas en las piernas de algún joven mapuche, en realidad no lo sé, pero si supe que visitó a los presos, que les abrazó con cariño, abrazó la causa de los oprimidos, de los perseguidos, la causa de un antiguo pueblo aguerrido y del pueblo defensor del futuro, defensor del agua y los bosques. Detenido, golpeado, sobre un helicóptero, rodeado de soldados, atadas sus manos, atados sus pies, regala una sonrisa a sus captores, que pensará ese cura, ¿recordará las doce estaciones, la pasión de cristo?.
Pero en Chile este cura es un hereje, es un peligro, la cúpula de la Iglesia rechaza profundamente cualquier cambio social, vestidos de oro, bañados en perfumes, escupiendo homofobia, escupiendo clasismo. Los “hijos sensibles” de la clase millonaria, hoy envejecidos, pervertidos y obesos, acostumbrados al vino y a los manjares rechazan que el pueblo tenga entre los suyos a un cura, o a cientos de modestos sacerdotes del pueblo, que se encuentran prisioneros de sus buenas intenciones, en una Institución machista, defensora del rico, temerosa y cobarde frente al milico, una Institución que se hunde junto a sus semejantes, los políticos y empresarios de Chile, uno de los países más desiguales del mundo, un país donde un puñado de emigrados europeos (Von Appen, Luksic, Paulman, Von Baer, Ezzati, Angelini) han conquistado la tierra, el mar y los cielos, desplazando a miles de familias trabajadoras a la miseria. Padres, madres, hasta niños y ancianos, todos y todas (como suele decirse) trabajando, produciendo para que ese puñado se haga más rico, y sólo deje “el conchito” para el pueblo.

Mensaje a quienes aún crean…

Al joven que sueña con servir a los pobres, a los padres que cuidan la noche de sus hijos, a la trabajadora que conoce la lluvia y el frío, a los millones que aún creen. Hoy el verdadero Cristo está entre nosotros, entre los miles de trabajadores que cada mañana vencen el frío en bicicleta, en los miles de jóvenes solidarios frente a las tragedias, en los ancianos que arrastran carretas cargadas de cartones y de historias, en la tortilla que comen los niños descalzos mapuche, en las manos artesanas del prisionero.
Ven, acude al llamado de la verdadera causa de los oprimidos, la lucha por el Cambio Social verdadero, hoy hace falta llevar la fé al terreno de la vida. Estamos llamados a traer a los barrios la solidaridad día a día, a poner el hombro junto al vecino que se inundó, a visitar al enfermo en su casa, a enseñar a un niño a escribir, a vestir las calles con guirnaldas. El cambio social que buscamos va de la mano de la creación de otro ser humano, para empezar de nuevo.